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Danilo Ureña

Nombre Completo: José Danilo Ureña Ureña (Alias:Morado). 
Hobby: 
Saprissa e ir al estadio. 

Puesto: Tesorería


¿Qué hay que saber de Danilo?

Bueno, diay, yo creo ya todos lo saben, ¿verdad? No, ¿qué hay que saber? Me gusta colaborar mucho con los compañeros. Soy una persona que le gusta vacilar, de vez en cuando, con fútbol. Hay personas que se molestan con las bromitas, ¿verdad? Como Amanda, que no le gusta que le mande Whatsapps. Dicen que ataco mucho.

Me gusta que sepan que lo que yo hago me gusta mucho, tanto en la empresa, como en la asociación de empleados, que es un trabajo aparte totalmente pero lo hago con mucho cariño  para todos, para cuidarles el dinero a cada uno y tratar que los dividendos tengan buen rendimiento a fin de año. En la parte de la empresa, me gusta también ser cuidadoso en lo que hago, más que todo manejar dineros, que es muy delicado, no solo dineros, sino valores, formularios y cheques. Llevar todo al día. Me gusta colaborar, trabajar en equipo, siento que me llevo muy bien con todos los compañeros, aquí en Swiss Travel. Considero, que la mayoría me quiere, la mayoría. Y eso me lo demostraron cuando cumplí 50 años, que no me esperaba lo que me hicieron.

Verdaderamente tener 31 años, aquí en la empresa, ha sido de mucho esfuerzo, sacrificio, valor, de seguir adelante con los cambios. Como toda empresa hay cambios y usted tiene que aprender a adaptarse. Y yo creo que en el tiempo yo me he sabido adaptar a ellos. Al personal, he visto infinidad de personas pasar por la empresa. Me ha dolido muchos que se han ido porque diay, cada persona que se vaya, a uno le duele siempre. Les guardo cariño a cada uno. A veces me saludan en la calle y yo “¿quién será esa persona?” y fue que trabajó en la empresa, pero diay, uno no puede estar guardando toda la gente que ha pasado por aquí, en 31 años.

En fin, siempre he sido agradecido con la empresa, especialmente con los dueños, Don Dieter, Doña Emilia, Doña Patricia y María José, porque ellos me han ayudado mucho en el crecimiento profesional y personal.

¿Qué significa Swiss Travel para usted?

¿Para mí? Uff. Swiss Travel significa mucho porque es la única empresa en la que he trabajado. Yo entré aquí a los 18 años, un 1 de marzo de 1987 y desde que llegué quise aprender. Yo emepcé de abajo, empecé de ayudante de tren, ahí fui creciendo, me hice mensajero, después chofer. Luego Don Dieter, en sus tiempos, me dijo: “Ayudáme con lo que yo hago”, que eran cosas de tesorería. Entonces yo empecé con él, a aprender y seguí luchando. Haciendo de todo porque yo no solo estoy en Tesorería, si tengo que hacer un mandado, yo voy. Si tengo que ayudar a una compañero en algo, yo voy y lo ayudó. A mi no me preocupa, no estoy centrado en un puesto que no me voy a mover. Yo ayudo, tengo dos personas encargadas, que son los mensajeros.

Para mi Swiss Travel significa una familia, en la que he crecido día a día, luchando. Lo que me gusta de Swiss Travel es que yo he aprendido a compartir con  mucha gente y a ayudarlos. Eso es lo que me queda y es lo que me voy a llevar. Hasta los consejos. Porque mi ventana es como de psicología, todo el mundo es “Danilo que esto” y yo les explico, pero ahí vamos. Entonces eso es Swiss Travel para mi, una familia.

¿Qué es lo que más le gusta de la empresa?

Lo que más me gusta de la empresa es que yo empecé cuando eramos 15 empleados, me gusta que no se han enfocado en quedarse en pequeñito, sino que los dueños han pensando en grande. En seguir adelante y en ser una empresa como dicen, líder, que es lo más importante y eso es lo que me ha gustado. Siempre hemos crecido, siempre vamos para adelante, innovando y superándonos día a día.

¿La mejor anécdota vivida en Swiss Travel?

¿La mejor? La peor para mí fue cuando le choqué el carro a Don Dieter. Vieras, para mi fue muy duro. Yo venía con María, la andaba recogiendo en el colegio, allá en Moravia. Veniamos en la tarde, estaba lloviendo. Venía por la Uruca y en eso frena un carro y yo freno, me voy resbalado y pego el carro. Y yo: ¡Dios mío! Yo tenía, si acaso…estaba aprendiendo a manejar. Bueno, no aprendiendo porque ya sabía, pero estaba en mis inicios. Y yo pensando “¿Ahora qué hago? ¿Cómo le llego a decir a don Dieter que le despedacé el carro? y yo lloraba. ¡Diay, estaba carajillo! Yo lloraba de ver eso. Cuando llegué a Swiss, estabamos en el Corobicí, subo las gradas, y yo decía “señor, pon en mi boca las palabras que debo decir”. Llego donde Don Dieter y él con esa figura, era bravo, y se me queda viendo y me dice: “No lo vuelva a hacer” y yo: “Sí señor”, di media vuelta y me fui. Fue lo único que pude decirle.

Resulta que don Dieter, como siempre, me ayudó, me dio apoyo y salí adelante. Fue la única vez que he chocado, creo que aprendí la lección.



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